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El ser humano
El ser humano, antes de pensar respecto de
su origen o destino, se encuentra en una determinada situación vital. Situación
que no ha elegido. Así, nace sumergido en un mundo natural y también social,
plagado de agresiones físicas y mentales que registra como dolor y sufrimiento.
Consecuentemente, se moviliza tratando de superar el dolor y el sufrimiento.
En este mundo, nace cada ser humano. Un mundo en que el propio cuerpo es parte
de la naturaleza y un mundo no natural, sino social e histórico. Es decir, un
mundo de producción (de objetos, de signos), netamente humano, un mundo humano
en el cual todo lo producido está cargado de significación, de intención, de
para qué. Y esa intención es, en última instancia: superar el dolor y el
sufrimiento.
La violencia
La historia de la humanidad: de su economía,
de su política, de su ciencia, de su arte; es la historia de la lucha contra el
dolor y el sufrimiento. Y es esa lucha, el motor del progreso humano.
Con su característica ampliación del horizonte temporal, el ser humano puede
diferir respuestas, elegir entre situaciones y planificar su futuro. Y es esa
libertad la que le permite negarse a sí mismo, negar aspectos del cuerpo,
negarlo completamente (como en el suicidio), o negar a otros. Esta libertad ha
permitido que algunos se apropien ilegítimamente del todo social. Allí está la
esencia de la discriminación, siendo su metodología la violencia física,
económica, racial y religiosa. La violencia puede instaurarse y perpetuarse
gracias la manejo del aparato de regulación y de control social, esto es: el
Estado.
Necesariamente, aquellos que han reducido la humanidad de otros han provocado
con eso, nuevo dolor y sufrimiento. Por esto, humanizarse es salir de la
objetivación (de las condiciones objetivas) para afirmar la intencionalidad
humana.
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